¿Olimpo incompleto? El jalón de orejas del Pollo Irra al maestro Gustavo
La polémica por la omisión de Rafael Orozco en el podio de los grandes reabre el debate sobre la memoria histórica.
A veces a los grandes maestros se les olvida que el vallenato tiene más de tres cabezas. El reciente intercambio entre el maestro Gustavo Gutiérrez y el 'Cocha' Molina ha dejado un sinsabor en el ambiente que no se quita ni con un trago de ron. ¿Cómo es posible que al hablar de los tres pilares del canto vallenato —Poncho, Diomedes y Oñate— se pase por alto, como quien olvida las llaves de la casa, a una figura de la talla de Rafael Orozco? La hipocresía del olvido es el peor enemigo de nuestra cultura.
¿Criterio o capricho en la selección?
Israel Romero, el eterno 'Pollo Irra', no se quedó con esa espina y saltó al ruedo con un argumento que tiene más peso que un acordeón de tres coronas. Cuestionar la ausencia de Rafael Orozco no es un capricho personal; es una defensa de la evolución del género. Orozco no solo cantó; él diseñó una estética, una forma de proyectar el vallenato hacia el exterior que hoy todos los 'nuevistas' intentan copiar sin éxito. Si vamos a hablar de los más representativos, la versatilidad y el impacto social de Rafa no pueden quedar por fuera del baile.
No te vayas, hay mas parranda
"Y si no me crees, revisa la historia: no se puede escribir el libro del vallenato arrancándole las páginas que hablan del Binomio de Oro"
El problema aquí es que algunos puristas confunden la tradición con una visión cerrada que solo mira hacia un lado del río. El Piquique de hoy va para esos intelectuales del folclor que, en su afán de canonizar a tres, terminan invisibilizando a quien hizo que el mundo entero se vistiera de vallenato. ¿Es Rafael Orozco menos que los otros tres por haber sido 'romántico'? Por favor, esa discusión es más vieja que la sarna y ya deberíamos haberla superado.
Si usted va a armar el podio de los dioses, asegúrese de que el pedestal sea lo suficientemente ancho para todos los que pusieron su grano de arena, o mejor dicho, su nota de acordeón. Dejar fuera a Orozco es una falta de respeto a la memoria de un pueblo que todavía llora sus canciones.
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