¿Uniones de plástico o evolución de raza? El caso Elder y Carlos Rueda
La obsesión por el 'refrescamiento' sonoro que pone a prueba la lealtad de la fanaticada
La noticia de la unión entre Elder Dayán y Carlos Rueda ha caído como un baldado de agua fría y caliente al mismo tiempo en los corrillos de Valledupar. Aquí va la pregunta que a muchos les quema la lengua: ¿Estamos ante una búsqueda genuina de excelencia musical o es simplemente otra estrategia de marketing para no dejar enfriar el nombre en las plataformas? La hipocresía del gremio es tal, que celebran cada 'nueva unión' como si fuera el nacimiento del Binomio de Oro, cuando en realidad parece que los acordeoneros hoy tienen contrato de prestación de servicios por seis meses. La controversia no es el talento de Rueda —que le sobra—, sino la inestabilidad que proyecta el género ante la falta de procesos largos y maduros.
¿Por qué es tan polémico este cambio de fichas?
Elder Dayán es, sin duda, el heredero más sólido del 'Diomedismo' en términos de carisma, pero su carrera se está convirtiendo en un desfile de acordeoneros. ¿Dónde quedó la mística de la pareja musical que envejecía junta en el escenario? Hoy, si los números en Spotify bajan un punto, el culpable parece ser siempre el que toca los pitos. La llegada de Carlos Rueda se vende como un piquique refrescante, pero huele a presión de los 'mángeles' para sonar más modernos. El vallenato no es una app que se actualiza cada semana; es un sentimiento que requiere tiempo para cuajar entre la caja y el acordeón.
No te vayas, hay mas parranda
"Si no me crees, revisa la historia: las grandes leyendas no se hicieron cambiando de pareja cada vez que cambiaba la moda de la camisa"
¿Realmente creemos que cambiar de acordeonero es la solución a la falta de canciones que se queden en el alma? La realidad detrás del mito es que el público se está cansando de los remiendos. Elder tiene la voz y el carisma, pero si no logra establecer una sociedad duradera, su legado será una colcha de retazos. El desafío para esta nueva pareja no es grabar un CD que suene en tres discotecas de Barranquilla, sino demostrar que no son una unión de paso. ¿O es que ya no hay paciencia para construir un estilo propio? ¡Pónganse serios!
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