Farid Ortiz y el Festival: ¿Es el dinero más grande que el folclor?
La ausencia de 'El Rey de los Pueblos' pone sobre la mesa el debate sobre la mercantilización de nuestra fiesta mayor
¡Ay, mi gente! Se alborotó la avispa con las declaraciones de Farid Ortiz. Resulta que el hombre, que mueve más gente que un entierro de pobre, no estará en el Festival Vallenato porque no hubo 'acuerdo económico'. Aquí es donde yo pregunto, con el veneno del piquique en la punta de la lengua: ¿Desde cuándo el Festival se convirtió en una simple transacción de chequera? Me parece una hipocresía del tamaño de la Sierra Nevada que los empresarios prefieran traer artistas de otros géneros antes que pagarle lo justo a una de nuestras leyendas vivas.
La realidad detrás del mito mercantil
Farid Ortiz no es cualquier aparecido. Es el artista que llena plazas desde Maicao hasta el último rincón de Córdoba. Que no esté en la parrilla oficial del festival por un 'desacuerdo contractual' es una cachetada al pueblo que lo idolatra. ¿Están los empresarios asfixiando el género con sus márgenes de ganancia? Parece que hoy importa más el VIP que la parranda auténtica. Si el Festival pierde a Farid, pierde ese olor a tierra mojada y a pueblo que tanto nos hace falta en Valledupar.
No te vayas, hay mas parranda
"Si no me crees, pregúntale al 'Tigre': un festival sin los ídolos de la gente es solo una convención de gente con corbata y poco sentimiento"
Lo que algunos llaman 'negociación profesional', yo lo llamo devaluación del juglar. Si no valoramos lo nuestro en casa, ¿quién lo va a hacer afuera? Los artistas que han quedado al margen por estos temas contractuales nos están enviando un mensaje: el folclor está siendo secuestrado por el negocio.
Si crees que el vallenato sobrevive solo con patrocinadores y boletas caras, te equivocas. El vallenato vive en la garganta de hombres como Farid Ortiz. Si el Festival sigue por este camino de excluir a los grandes por 'temas económicos', terminará siendo una fiesta para extraños donde el acordeón sea solo un adorno. ¡Despierta, Valledupar!
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