¿Festival para el pueblo o vitrina para el 'monalismo'?
Las calculadoras suenan más fuerte que los acordeones en Valledupar
A ver, hablemos claro y raspado, como se habla en una esquina de la Plaza Alfonso López. El Festival de la Leyenda Vallenata se acerca y, con él, el eterno dolor de cabeza de los precios. ¿En qué momento nuestra máxima fiesta se convirtió en un evento donde hay que vender un riñón para ver una final en el Parque de la Leyenda? La elitización del género no es un cuento de camino; es una realidad que nos está explotando en la cara cada vez que vemos los precios de los palcos.
¿Cultura o negocio inmobiliario?
Es irónico que el vallenato, nacido de la entraña del pueblo, del hachero y el vaquero, hoy sea un lujo que pocos valduparenses de a pie pueden costearse con dignidad. El Piquique aquí no es contra el festival en sí, sino contra la desconexión total con la base popular. Si una noche de festival cuesta lo que un salario mínimo, ¿a quién estamos invitando realmente? A este paso, los acordeones no los va a escuchar el pueblo en la plaza, sino los 'monos' en sus burbujas de aire acondicionado.
No te vayas, hay mas parranda
"Y si no me crees, revisa las cifras. El vallenato es del pueblo, pero el festival parece que le pertenece a las chequeras"
La controversia está servida. Mientras nos llenamos la boca hablando de 'patrimonio de la humanidad', los precios excluyen a los humanos que crearon ese patrimonio. Queremos atraer al turista, claro, pero no a costa de desplazar al local. Si el festival pierde su alma popular por volverse un club privado, terminaremos bailando un vallenato de plástico, sin olor a tierra ni sabor a pueblo. ¿Es ese el rumbo que queremos o estamos a tiempo de bajarle dos rayas a la ambición y subirle dos al folclor?
¿Estás de acuerdo con esta puyita?