¿Romántico de calabozo? Nelson Velásquez y el vallenato que perdió el norte
Cuando el fuelle suena tras las rejas, ¿estamos celebrando la cultura o musicalizando el prontuario? La puyada de Colmenares que sacudió al folclor.
¡Ay, hombe! Pareciera que en el vallenato ya no importa quién pone la plata, sino que el cheque no rebote. Lo de Nelson Velásquez en la cárcel La Paz de Itagüí no es solo un 'show' más en su agenda; es la radiografía exacta de un género que, de tanto querer ser popular, terminó metido en el barro de la falta de ética. Luis Alonso Colmenares ha soltado una verdad que a muchos les escuece en el bolsillo: el vallenato no nació para ser la banda sonora del crimen. Pero claro, en este negocio de luces y lentejuelas, el romanticismo de Velásquez parece que se acomoda mejor al eco de un pabellón que al clamor de una plaza pública respetable.
¿Desde cuándo pasamos de cantarle al amor, a la vieja Sara y a la Sierra Nevada, a tirarle versos a quienes tienen deudas pendientes con la sociedad en un entorno de privilegio carcelario? Velásquez, con esa voz que dice derretir corazones, terminó fue calentando una parranda que nunca debió existir. Lo indignante no es que los presos escuchen música —el arte es libre—, lo infame es que artistas de 'renombre' se presten para validar parrandas que huelen a impunidad, justo antes de que el país se vista de gala para el Festival de la Leyenda Vallenata. Es una cachetada al folclor puro.
El problema aquí es el mensaje. Cuando un ídolo de la magnitud de Nelson se baja del pedestal para amenizarle el encierro a quienes quebrantaron la ley, le está diciendo a las nuevas generaciones que el éxito no tiene filtro moral. ¿Qué sigue? ¿Un Grammy al 'Mejor Álbum Grabado en el Panóptico'? ¿Una categoría de 'Acordeón con Grilletes'? La crítica de Colmenares no es un ataque gratuito; es un grito de auxilio por una identidad cultural que se está desmoronando. El vallenato es patrimonio de la humanidad, no el bufón de los pabellones de alta seguridad.
No te vayas, hay mas parranda
Seamos claros: el artista tiene derecho a trabajar, pero tiene la obligación moral de cuidar su legado. Ver a Nelson Velásquez entre rejas no por un error judicial, sino por voluntad propia y por un fajo de billetes, es patético. Mientras los juglares de antaño recorrían caminos de herradura para llevar mensajes de paz y unión, los de ahora parece que solo necesitan el Waze para llegar al patio de una cárcel.
¿Dónde queda la dignidad del acordeón? ¿Dónde está el respeto por esos cuatro aires que nos definen? Si el vallenato sigue siendo la cortina de humo de los excesos carcelarios, pronto no habrá festival que alcance para lavar la cara de un género que se vendió al mejor postor. Nelson Velásquez podrá seguir cantando que 'le falla el corazón', pero lo que realmente le está fallando es la vergüenza y el respeto por el género que le dio de comer. El vallenato es grande por su gente, no por su capacidad de amenizar el encierro de quienes no supieron vivir en libertad.
¿Estás de acuerdo con esta puyita?