Ídolos de barro y 'elixires' amargos: El vallenato se queda sin clase
¿Quién es el 'grande' que confunde el acordeón con el ring de boxeo? Carlos Bloom lanza la piedra y esconde el nombre.
¡Ay, mi gente! Si por allá llueve, por acá no escampa. El mundo del vallenato, ese ecosistema donde el ego pesa más que un acordeón de tres coronas, acaba de recibir un sacudón que huele a ron viejo y a falta de educación. Resulta que Carlos Bloom, el hombre que le cargó las maletas (y los caprichos) al éxito durante décadas, salió a desahogarse en las redes sociales. Y no, no fue para anunciar un nuevo fichaje, sino para darnos una dosis de realidad sobre esos que llamamos 'grandes'.
Dice el compadre Bloom que un artista de innegable trayectoria —de esos que tenemos en un pedestal y a los que les prendemos velas— se le bajó del pedestal para comportarse como un guache de esquina. Agresiones verbales, físicas y un espectáculo lamentable que, según Carlos, fue impulsado por el 'elixir'. Vamos a hablar claro: en el Valle, el 'elixir' es el nombre elegante que le ponen al whisky que les borra la memoria y les saca el cobre.
Lo que me pica de este asunto no es que un músico se haya emborrachado; eso en nuestro folclor es tan común como el sombrero vueltiao. Lo que arde es la hipocresía de la 'grandeza'. Bloom dice que 'quien representa la grandeza de la música, también debe demostrarla en su comportamiento'. ¡Hombre, por Dios! ¿Hasta cuándo vamos a seguir justificando la ordinariez con el talento? ¿Desde cuándo cantar bonito te da licencia para tirar manos o insultar a quien te ha dado la mano?
No te vayas, hay mas parranda
Pero aquí viene lo más ácido del chisme: el bendito anonimato. Bloom tira la granada, describe el humo, pero no nos dice quién activó el detonador. 'He decidido no mencionar nombres', dice. ¡Qué elegancia la de Francia! Al no dar nombres, deja a todos los 'grandes' bajo la sombra de la sospecha. ¿Fue un veterano de los que ya no pegan ni un resfriado pero exigen respeto de reyes? ¿O fue alguna estrella contemporánea que se cree dueña del mundo porque llena una discoteca en Miami? Ese silencio no es respeto, es complicidad con el sistema que permite que estos 'ídolos' sigan haciendo de las suyas sin consecuencias.
Señores artistas: la admiración del pueblo no es un cheque en blanco para andar de patanes por la vida. El vallenato no necesita más 'caciques' de barro que solo son valientes con un trago en la cabeza. Necesitamos gente que honre el legado de verdad, no solo con canciones bonitas, sino con una decencia que no se pierda en el fondo de una botella.
¿Hasta cuándo el gremio va a seguir tapando estas vergüenzas bajo el tapete de la 'trayectoria'? Si eres grande en la tarima, sé grande en la calle. Si no puedes controlar el 'elixir', mejor quédate en tu casa tomando agua de panela. La pregunta queda en el aire y el olor a quemado también: ¿A quién protege Bloom y por qué el vallenato sigue siendo el patio de recreo de los maleducados con plata? ¡Pilas, que la grandeza se les está quedando solo en los créditos de los discos!
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