¿La era del facilismo? El dilema de los 'Live Sessions' en el vallenato actual
Analizamos si el nuevo lanzamiento en vivo de Elder Dayán y Carlos Rueda es una genialidad de conexión con el público o el síntoma de una alarmante pereza creativa en los estudios.
A ver, mi gente, hablemos sin tapujos ni rodeos de compadres. Acaba de salir al ruedo virtual la producción “La Máquina – Live Sessions Vol. 1” de Elder Dayán y Carlos Rueda, grabada con bombos y platillos en Santa Marta. El público celebra, los fanáticos inundan los comentarios con emojis de fuego y el algoritmo sonríe. Pero aquí es donde este viejo editor se rasca la cabeza y se pregunta: ¿realmente estamos viviendo una época dorada de la producción musical o nos estamos conformando con las migajas de la nostalgia?
La moda de los 'Live Sessions' se ha convertido en el salvavidas de la industria vallenata contemporánea. Parece que la fórmula ahora es encerrarse un par de días, prender unas cuantas cámaras de alta definición, grabar los éxitos de siempre con un sonido medianamente pulido y ¡listo!, tenemos un álbum nuevo para subir a las plataformas de streaming. ¿Dónde quedó la mística del estudio de grabación? ¿Dónde están los meses de trasnocho buscando ese arreglo único que caracterizaba a los grandes compositores vallenatos de antaño?
¿Estudio de grabación o pereza enlatada?
No me malinterpreten, Elder Dayán canta con el alma y Carlos Rueda es un cirujano del acordeón diatónico. El talento de la dupla es indiscutible. Lo que aquí se cuestiona es el facilismo de la industria que prefiere reciclar lo seguro antes que arriesgarse a crear un clásico desde cero. Grabar sesiones en vivo de canciones que el público ya se sabe de memoria es ir a la fija, una jugada corporativa sin alma que prioriza el flujo de caja rápido sobre el valor artístico perdurable.
No te vayas, hay mas parranda
"Grabar en vivo sobre lo ya grabado es como calentar la sopa del día anterior: alimenta el cuerpo con rapidez, pero ha perdido por completo la gracia y el aroma de la primera sazón."
Los puristas dirán que el vallenato es música de parranda y que por eso el formato en vivo le sienta tan bien. Pero hay una gran diferencia entre la sabrosura de una parranda espontánea y un producto de marketing meticulosamente diseñado para simular cercanía mientras se ahorran costos de producción en estudio. El vallenato merece más que sesiones en vivo grabadas a la carrera; merece producciones conceptuales que desafíen los límites del género.
Si la nueva generación de artistas vallenatos se conforma con ser excelentes intérpretes de lo ya existente, corremos el riesgo de convertir nuestro folclor en una pieza de museo interactiva. Está bien recordar los éxitos, pero el verdadero reto de un artista de peso es grabar canciones inéditas que la gente cante dentro de treinta años. De lo contrario, seguiremos viviendo en un bucle infinito de sesiones en vivo y covers digitales.
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