La Guajira en oferta: ¿Rutas culturales o parques temáticos del folclor?
La integración del norte y el sur a través del Festival Francisco El Hombre abre el debate entre la promoción turística y la desnaturalización de la tradición.
¿Será que la mística de nuestros juglares ahora necesita un plan de mercadeo y un código QR para sobrevivir? La reciente propuesta de conectar el norte y el sur de La Guajira mediante una ruta cultural inspirada en la leyenda de Francisco el Hombre enciende las alarmas de quienes preferimos la parranda sin aditivos. No me malinterpreten, dinamizar la economía de pueblos hermosos como San Juan del Cesar: Cuna de Compositores Vallenatos es urgente, pero el límite entre salvaguardar la memoria y convertir la tradición en una atracción de feria es peligrosamente delgado.
¿Se puede empaquetar el alma de un pueblo?
La leyenda de Francisco el Hombre, aquel mítico caminante que derrotó al diablo con su acordeón en el lomo de un burro, se sostenía en la espontaneidad del camino y la necesidad de comunicar. Convertir este legado en una marca registrada o en un itinerario turístico pavimentado puede sonar maravilloso en los escritorios gubernamentales de Riohacha o Valledupar, pero el verdadero vallenato no se planifica en un comité corporativo.
No te vayas, hay mas parranda
Cuando mercantilizamos la herencia guajira para el consumo masivo, corremos el riesgo de folclorizar la realidad. Los compositores de San Juan no creaban poesías pensando en cuántos turistas llegarían el fin de semana; lo hacían porque el dolor, el amor o la cotidianidad los asfixiaba. Diseñar una experiencia estandarizada para complacer al forastero suele terminar en una caricatura del verdadero sentimiento de la provincia.
"Si no me crees, pregúntale a los viejos compositores si la inspiración de un verso de piquería nace de una estrategia de marketing o del calor de una botella de ron bajo un palo de mango"
¿Estamos listos para defender el folclor de su propia comercialización? La verdadera ruta cultural no se traza con vallas publicitarias, sino garantizando que las nuevas generaciones de sanjuaneros y guajiros sigan sintiendo el llamado del acordeón de manera genuina, lejos del afán de las vitrinas turísticas.
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