La telenovela de los camerinos: El show de las tensiones que nos encanta alimentar
¿Por qué el entorno de Silvestre Dangond sigue siendo el detonante favorito de cualquier polémica vallenata?
A los amantes del vallenato nos fascina el drama. El reciente pronunciamiento del mánager Carlos Bloom desmintiendo el supuesto altercado físico con el cantante Iván Villazón pone al descubierto una verdad incómoda: sufrimos de una adicción severa al melodrama de pasillo. El verdadero piquique aquí no radica en si volaron golpes o no en aquellos premios en Valledupar; el verdadero asunto es por qué el nombre de Silvestre Dangond sigue siendo el epicentro sísmico de cualquier fricción, real o imaginaria, en el género.
Bloom, un veterano de mil batallas corporativas detrás de las tarimas, salió a declarar que "gran parte de lo que circuló en redes sociales nunca ocurrió". Claro, ahora resulta que las tensiones tras bambalinas se solucionan de inmediato con un abrazo. Pero la realidad es que los egos en el vallenato son sumamente frágiles y cualquier chispa puede desatar un incendio forestal mediático.
El negocio de la intriga profesional
No te vayas, hay mas parranda
Seamos claros: la figura del mánager en el vallenato moderno ha pasado de ser la del gestor silencioso a convertirse en coprotagonista del espectáculo. Cuando Bloom y Villazón se encuentran en un evento, no se cruzan solo dos profesionales de la industria; se cruzan dos épocas, dos visiones comerciales distintas y un historial de representación artística donde las lealtades y las tensiones del pasado siempre flotan en el ambiente como pólvora lista para estallar.
"Si no me crees, revisa las cifras del morbo digital. La gente prefiere un rumor de pelea en el camerino que analizar un lanzamiento de acordeón limpio"
Intentar enfriar la sopa meses después en un micrófono de podcast es una movida inteligente de relaciones públicas, pero el show ya cumplió su cometido de generar clics. El vallenato actual necesita madurez profesional en sus estructuras de representación. Los desacuerdos de oficina y de negocios no se pueden seguir ventilando ni percibiendo como peleas de cantina si pretendemos que el género mantenga su credibilidad y respeto en el mercado internacional. ¿O es que acaso preferimos seguir aplaudiendo el boxeo de pasillo por encima de la música?
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